Era una noche cálida de principios de verano pero aún así Yaina estaba tapada con las sábanas.
El silencio de la noche fue roto por una suave crujido. Un crujido sin importancia ya que el suelo era de madera, pensó ella.
La puerta de su cuarto estaba abierta pero estaba tan oscuro que ni se podía ver las palmas de las manos.
Cuando quiso darse cuenta de lo que sucedía era demasiado tarde él estaba sobre la cama, ella intentó huir cayendo pero la sabana que cubría su cuerpo estaba debajo de su asaltante por lo que tropezo y su asaltante la agarró del pelo para llevarla de nuevo a la cama.
Donde la estrangulo, pero no fue un estrangulamiento normal sino que tras ahogarla un rato dejaba que volviera a respirar. Cuando su atracador se canso del juego, la ahogo hasta que su aliento se perdió y su corazón se paro.
Yaina fue una esclava de sus costumbres. Si hubiese dejado una luz encendida podría haber visto la sombra antes de que llegará, si hubiera cerrado la puerta con llaves hubiera oído el ruido al forzarla y si no usará sábanas habría podido correr.
Pero todos tenemos manias y el asaltante no era menos, mientras estuvo estrangulando a Yaina se había mordido el labio por la excitación, como siempre hacia, con tanta fuerza que su sangre había caido sobre el cuerpo inerte de la joven. No tardaría mucho en terminar en la silla eléctrica, condenado por sus costumbres.
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